Todo lo grande que parece es decir poco, nunca se acaba. El tren de costa a costa son casi 4 días. Pero, la verdad es que es un país impresionante y muy heterogeneo dependiendo de las regiones. El este, dónde prácticamente ves ciudades y extensiones de terreno. Y el oeste con unos paisajes impresionantes. Además la gente es espectacular, te ayuda en cualquier cosa, y se interesa por los motivos de tu viaje y de porqué elegiste su país.

El este de Canadá es lo más europeo de norteamérica. Hay veces, como en Quebec, q te parece estar en algún barrio de Paris.
El primer sitio en q estuvimos fue en Montreal, dónde se celebraba un festival de jazz, y había un ambiente acojonante.
Posteriormente, fuimos en tren a Quebec q es la capital de la provincia francófona, aunq sea mucho más pequeño q Montreal. Son supernacionalistas, y aunq hablaran perfectamente inglés, no lo hacían ni cortandoles el cimbrel, con lo q tuvimos algunas dificultades, dado nuestro gran dominio de su idioma. La ciudad es preciosa, y estaban celebrando el 400º aniversario de su fundación (la más antigua de norteamérica).

Cogimos un avión a los 4 días para Vancouver (7 horas) , pero por fin llegamos al Pacífico. Sin duda, fue la ciudad q más nos gustó, y mezcla el colonialismo inglés con los rascacielos (en cualquier parque podías ver un partido de criquet). Es la ciudad de moda para salir de Canadá, llena de clubs y de restaurantes supermodernillos.
Por toda la ciudad había parques y jardines. Uno de ellos es gigantesco, es como una pequeña península bañada por el Pacífico y con unos bosques impresionantes.

Nos desplazamos a los 3 días a Victoria q es la capital de la Columbia Británica. Allí fue dónde hicimos algunas de las mejores excursiones. La mejor, la salida en lancha rápida para avistar ballenas. Al día siguiente regresamos a Vancouver en hidroavión, amerizando en la bahía bien cerca de todos sus rascacielos.

Y ya por fin, empezamos el viaje por las Rocosas durante 6 días en autobus. Ahí pudimos observar alguno de los mejores paisajes que hemos podido ver. Fotos . Por cualquier parte, de los parques nacionales, podías ver sus “bichines”, en especial los osos, que no dejan de acojonar un poco, menos a algún elemento (preferiblemente japonés, al que vimos acercar a sus hijos a menos de 10 metros de uno para hacerles una foto). Incluso un día para volver a la cabaña del hotel, tuvimos q esperar a q una feliz pareja de cervatillos nos dejara pasar.

Después llegamos a Calgary, desde nos trasladamos a Toronto. En esa ciudad se celebraba la mayor fiesta country que existe. No hay palabras para describir aquello. Y ya llegamos a Toronto, última etapa. La verdad es q como no tiene mucho más q pasear por sus calles y flipar con los rascacielos, aprovechamos para ir de compras, q con el tipo de cambio estaba todo en electrónica y ropa a mitad de precio. Desde Toronto hicimos una excursión a las Cataratas del Niágara, q es como las Vegas, pero con unas cataratas en el medio.

Un viaje totalmente increíble.
Y a cascarla.