Una dieta milagrosa para rescatar al reino
ESCRITO POR FIYS a las: 8:52 pmFiled under: actualidad ;
Hoy leyendo publico, venía está historia curiosa.
Sancho I ‘el Craso’ recuperó la corona de León gracias al califa Abderramán III , que le ayudó a adelgazar
A finales del siglo X, el Reino de León estaba sometidoa la creciente influencia del Condado de Castilla y del Reino de Navarra. En esta situación, los nobles leoneses recelaban de su rey. Es más, lo consideraban
un estorbo. Sancho I, cuyo enorme sobrepeso le valió el apelativo de el Gordo o el Craso, era un rey inútil en ese momento histórico, ya que su apariencia física le impedía mostrar su valor guerrero. Era incapaz de subirse a un caballo, blandir una espada e incluso necesitaba ayuda para poder andar. Por eso, su reinado estaba condenado al fracaso. Así, en el año 958, sólo dos años después de que Sancho I fuese coronado, una conspiración liderada por el conde Fernán González acabó con su reinado colocando en su lugar a Ordoño IV, llamado El Malo.
Apoyo navarro y cordobés
Expulsado de su reino, Sancho I acudió a Pamplona a buscar refugio en brazos de su abuela, la reina Toda de Navarra, quien rápidamente orquestó un plan para recuperar eltrono. La ecuación era sencilla. Para derrotar a leoneses y castellanos, el apoyo navarro era imprescindible para dar la vuelta a la situación. Pero con eso no bastaba. Se necesitaba otro aliado. Y el mejor cuerpo militar estaba al sur, en el poderoso califato de Córdoba. Además, quizá lo más importante, era necesario organizar una campaña para lavar la imagen de su nieto. Debía transformarse en un rey fuerte y no en un personaje impedido para desarrollar una vida normal debido a su obesidad. Y de nuevo, Córdoba, cuna de la cultura y la ciencia en la época,
era la llave. Rápidamente, la reina Toda envió a varios mensajeros a Córdoba con el fin de poder dar a conocer sus intenciones al califa cordobés, Abderramán III. Este, viendo una ocasión inmejorable para transformarse en árbitro de las disputas cristianas, mandó a Navarra a la persona idónea para solucionar el problema: el famoso médico y diplomático judío Hasday Ibn Shaprut. Para zanjar el apoyo militar, se acordó que Sancho I debía devolver al control del califa diez plazas fuertes en la línea del Duero que garantizarían el control musulmán en la zona. Para ejercer su labor endocrina, Hasday exigió a la reina
Toda y al depuesto rey leonés que el tratamiento se realizara en Córdoba.
Una dieta que valía un reino
Así, a sus 82 años, la reina Toda parte de Pamplona junto a su nieto Sancho, su hijo García Sánchez I y el resto de su séquito –que incluye caballeros, damas de corte, tesorero, cocineros, sirvientes y ocho prisioneros musulmanes para devolver a Abderramán III como señal de amistad– para someter al depuesto rey a la dieta de Hasday y mostrar vasallaje al califa cordobés para cerrar el acuerdo alcanzado. Al parecer, Sancho tuvo que ser trasladado en un torreón de asalto ya que no cogía en un carro –tal como señala Ángeles de Irisarri en su libro El viaje de la reina–. Otras fuentes indican que Hasday le pidió que realizara el viaje completo a pie para bajar de peso, aunque no parece probable. Al llegar a Medina Azahara, Sancho I se sometió al estricto régimen de Hasday. Durante 40 días se le impidió tomar alimentos sólidos. Su alimentación se centra en las conocidas “hierbas mágicas” de Ibn Shaprut: infusiones que mezclaban distintos componentes y que debía ingerir hasta siete veces al día. Las diarreas y vómitos fueron una constante durante todo el proceso, lo que hace pensar que Sancho I sufría de obesidad mórbida o hidropesía y que el proceso dietético fue excesivamente acelerado, poniéndose incluso en peligro su vida.
Al término de la dieta, el califa Abderramán le entregó a Sancho un ejército cordobés dirigido por Ibon Tumlus, con el que tomó Zamora en el año 959. La nobleza leonesa, viendo el giro de los acontecimientos,
se alió con los navarros. Pero ya era tarde: en el año 960, Sancho I entró en León y recuperó su trono mientras Ordoño IV se vio obligado a huir a Burgos y los navarros apresaron al conde traidor, Fernán González. El rey Craso se mantendría en el poder durante seis años más.












