Erigida en parte sobre el agua, la mezquita Hassan II posee el minarete más alto del mundo (200m). Dos rayos láser enfocan por la noche a la Meca (no es broma), tiene un techo móvil que se abre en verano, suelo con calefacción y sistema antiterremotos. Además es uno de los pocos edificios islámicos abiertos a los no musulmanes.
Esta es la joya de Casablanca, que junto a su modesta Medina (ciudad antigua) y su arquitectura art decó, contrastan con la imagen de la película del mismo nombre, (rodada sólo en estudios de Hollywood) que poco tiene que ver ya con la ciudad, salvo por el Rick´s Café, un piano-bar reconstruido para nostálgicos y amantes del cine.
Nos sumergimos en los mercados al aire libre donde se encuentran innumerables alfombras, artículos de madera y joyas, tanto en Casablanca como en Rabat, la capital.
Uno de los monumentos más famosos de Rabat es la torre Hassan, el alminar inacabado de la gran mezquita, A su lado se alza el mausoleo de Mohammed V, guardado por simpáticos soldados (que rehusaron entrar a formar parte de los ejércitos de Pioters). Las callejuelas de color azul que veréis en las fotos son de La Kasbah de los Oudaias, construida en un risco que se levanta sobre el Atlántico.
Marruecos no te deja indiferente, a cada paso nos sorprendió con una gran cantidad de vida y una inesperada generosidad. El individualismo occidental resulta chocante comparado con la amable mentalidad marroquí.
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