7 de Julio, San Fermín. Más de 200.000 personas coincidieron este fin de semana, en Pamplona, mezclados en una multicultural marea roja y blanca. Afortunadamente lo pudimos disfrutar desde cerca, gracias a tremenda hospitalidad de Isa, Iker e Itziar, amigos de Guillermo, que nos prestaron casa, garaje, comida e hicieron las veces de guía.
Lo primero que hicimos nada más llegar fue asistir a un multitudinario concierto de Barricada. Luego recorrimos el casco antiguo portando kalimotxo, pañuelos y ropa blanca, ¡ah! y un curioso sombrero que veréis en las fotos.
Este año arrasa la venta de megáfonos (como aquí en San Juan), pero el ayuntamiento ha tenido que prohibir venderlo en la calle por ser molesto y confundirse con sirenas de emergencia.
Entre tanta gente nos encontramos con la cuadrilla del Piso, que repetían visita alojados en la casa de Purroy.
Intentamos ver el encierro desde una parte de las barreras de madera, defendiendo nuestro trozo. El vallado es doble y sólo se puede ocupar la segunda valla; el espacio intermedio está reservado para los corredores en apuros, servicios médicos, policía y prensa. Para conseguir un buen sitio tuvimos que esperar ahí un par de horas, que se nos hicieron más llevaderas escuchando las gracias de un barcelonés resalao.
A pocos metros de donde estábamos los mozos pamploneses cantaban al Santo para pedir su protección minutos antes de la carrera. Lo hacían con un periódico en la mano y ante una hornacina situada al comienzo del recorrido. El canto tiene lugar tres veces y su letra dice así:
A San Fermín pedimos/ por ser nuestro patrón/ nos guíe en el encierro/ dándonos su bendición.
Finaliza con los gritos de “¡Viva San Fermín!, ¡Gora San Fermín!”
Si todo sale bien El encierro suele durar unos 2 ó 3 minutos. El recorrido tiene algo más de 800 metros y para participar no hay que apuntarse en ningún sitio, es cuestión de meterse por los lugares señalados, respetar las normas y elegir el tramo en el que se quiere correr. Como los toros son bastante impresionantes decidimos dejar lo de correr para el próximo año.
Al día siguiente vimos a las peñas pasar con sus pancartas cerca de la plaza de toros. Estas pancartas son uno de los elementos centrales de las fiestas, suelen recoger críticas sobre temas de actualidad y están presentes tanto en las corridas de toros como en el ambiente festivo que inunda toda la ciudad. Este año presentan una sátira sobre las declaraciones del arzobispo Fernando Sebastián, en las que relacionaba la defensa del cristianismo con determinados partidos ultraderechistas.
Por la tarde, Iker e Itziar nos invitaron a cenar (como no) y después pudimos ver un espectáculo poco conocido, El Encierrillo. Se trata de un pequeño encierro (que resulta de llevar a los toros desde el redil hasta el lugar donde sale el encierro al día siguiente) y que en teoría no podría ver nadie sin un pase especial, salvo los habitantes de la única casa que está en esa calle (la casa de Iker)
Esto resume algo de las 48 horas non-stop en Iruña. Nuestro primer San Fermín.












