Hoy Juan José Millás publica una columna maravillosa, como la mayor parte de las que escribe.
En verdad, después de leerla solo me queda la duda de quien es el tonto realmente, los gobernantes o sus ciudadanos. Lo único seguro es que nosotros los ciudadanos los padecemos.
En una escala de preferencias, lo ideal es que nadie tuviera la bomba atómica. Después, que sólo la tuvieran los países listos. A continuación, los países listos y un país tonto. En cuarto lugar, los países listos y dos países tontos Y así sucesivamente. Si incluyéramos las variantes de pobreza y riqueza, el asunto se complicaría, pues el rencor de clase funciona en las dos direcciones. Quiere decirse que lo mismo te podrían arrojar la bomba por pobre que por rico, cuestión de suerte o de geoestrategia, y perdón por la palabra geoestrategia en un artículo que no es de análisis político. En esta zona del periódico calculamos las cosas por la cuenta de la vieja, cuyo método, pese a su simpleza radical, no falla nunca. La vieja es también la inventora de aquella máxima según la cual si algo malo puede pasar pasa. Total, que el mundo está lleno de tontos listos y de listos tontos.
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