Paseando un rato por el panfleto digital LD me encuentro con este llamémoslo “articulo” de opinión, de Pio Moa.

Con estos indicios –no pruebas–, las sospechas toman unos rumbos alucinantes. Suena increíble que un partido democrático pueda llegar a esos extremos. Pero olvidamos con demasiada premura que el PSOE organizó una verdadera marea de corrupción y terrorismo de estado o, más propiamente, de partido en el poder. Olvidamos que nunca creyó haber perdido con justicia el poder y que nunca se retractó de sus fechorías, sino que intentó vengarse persiguiendo con saña mafiosa a uno de los periodistas que más contribuyó a descubrirlas. Olvidamos la forma en que premió al terrorismo islámico poco después del 11-M. Olvidamos sus tratos con la ETA sobre las tumbas de los asesinados por ella y a costa de la ley y del estado de derecho. Por no hablar de su historial cuando el partido se proclamaba marxista y organizaba la guerra civil y continuos asesinatos, de lo que nunca se ha retractado tampoco. No encuentro por ello ninguna razón moral que impidiera a un sector del PSOE organizar o inducir el atentado. Sí hay una razón, de orden práctico: los jefes socialistas no se arriesgarían a una provocación tan extrema, sabiendo que antes o después estas acciones salen a la luz. Este argumento convence más, pero también es cierto que quien saquea los fondos públicos u organiza actos terroristas también espera salir con bien de ello.
No quiero decir, naturalmente, que haya sido así, pero la hipótesis no puede descartarse y debe investigarse. Digámoslo de otro modo: ¿pudo haber sido el PSOE? En mi opinión, sí, desde luego. ¿Lo fue, en realidad? No lo sabemos, y ojalá no lo haya sido. Pero la sociedad necesitaría tener la certeza.


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