I’ll be honest with you:
I hate war…in all its forms-
Physical, psychological…spiritual…emotional…environmental
I hate war
And I hate having to struggle - I honestly do
Because I wish I had been born into a world where it was unnecessary
This context of struggle and being a warrior and being a struggler
Has been forced on me by oppression
Otherwise I would be a sculptor, or a gardener,
Carpenter - you know, I would be free to be so much more…

I guess part of me or a part of who I am,
A part of what I do
Is being a warrior –
A reluctant warrior,
A reluctant struggler
I do it because I’m committed to life
We can’t avoid it,
We can’t run away from it
Because to do that is to be… cowardice-
To do that is to be subservient…to devils,
Subservient to Evil
And so that the only way to live on this planet
With any human dignity at the moment
Is to struggle

“Commited to Life”, Asian Dub Foundation
Letra y voz: Assata Shakur, Panteras Negras

Sin duda los franceses si que saben montarla. Ya lo demostraron en su momento con el rotundo Non a la Constitución Europea, en contra de la opinión del estado, de los empresarios y de los medios de comunicación – incluso cuando todos estos trompeteaban que un rechazo de la constitución significaría la muerte de la Unión Europea.

Ahora lo han vuelto a demostrar al hacer que el gobierno de derechas de Chirac retrocediera con su nueva ley laboral. Una ley que acababa con toda la seguridad laboral de los jóvenes de 26 años o menos, convirtiéndoles en la “generación Kleenex” – usar y tirar.

Las protestas fueron llevadas a cabo por una coalición activa, espontánea y solidaria de estudiantes, profesores, sindicalistas, trabajadores y desempleados.

Uno de los hechos que más me gustaron fue el convencimiento de la posibilidad de victoria, y la determinación de conseguirla. ¡Poco después del principio de todo el jaleo, cuando los sindicatos se unieron a los estudiantes, los manifestantes le dieron un ultimátum al gobierno! Hicieron saber a este que le daban tres días para anular la ley, o la montarían como es debido. ¡Que gracia!

El proletariado tiene a su disposición varias técnicas de presión; desde las simples manifestaciones, a obstrucciones del tráfico (tanto automovilístico como ferroviario), ocupaciones y huelgas. Como último recurso: el sabotaje.

Obviamente, el gobierno se negó a anular la ley. Los manifestantes honraron su ultimátum, y al final, después de 10 semanas de protestas, obstrucciones y ocupaciones, el estado se vio obligado…a anular la ley.

Por supuesto el gobierno decía que esta ley es solo para mejorar las perspectivas laborales de los jóvenes. Según su lógica, de fondo neo-liberal, si las empresas pueden despedir con más facilidad, éstas tendrán un mayor incentivo para contratar a gente, y así el desempleo disminuirá.

Esto se conoce como flexibilidad laboral, experimentada por el trabajador como la posibilidad de ser desechado, por no mencionar inseguridad, angustia y pobreza.

Son las tácticas del miedo. Si no creamos un mercado laboral más flexible, las empresas no contratarán a gente, lo que significa que el gobierno no podrá generar los suficientes beneficios como para mantener el estado de bienestar, y tú te morirás de hambre. No hay alternativa.

A pesar de los diversos sistemas de adoctrinamiento, la gente no se creyó esto, y exigió una alternativa, un modelo diferente. Lástima que para ello se necesitase tanta agitación.

En el fondo, que los manifestantes tuviesen o no razón, es irrelevante, ya que vivimos en democracia – solo que ésta está diseñada de manera que “protege a la minoría opulenta de la mayoría”.

Yo pienso que esto se hubiese podido evitar si viviésemos en democracias más sanas, más participativas. Por supuesto, y por desgracia, para conseguir tal cosa se necesitará un esfuerzo muchísimo mas grande, ya que una democracia más directa estaría en contra de los intereses de esa “minoría opulenta”.

Sin embargo, una democracia más participativa está dentro de nuestro alcance, solo tenemos que liberarnos de los grilletes de la doctrina. Después se necesitará militancia, buena organización, unidad de propósito, tener el objetivo claro, creer en la posibilidad de triunfo y la determinación de conseguirlo.

Nadie puede decir que no se pueden cambiar las cosas, y que la lucha y el activismo no sirven de nada. Porque está claro que la conclusión más obvia de todo este episodio, es precisamente lo contrario a eso.