Epílogo
Ya se acabó, ya vuelvo a la dura vida de Costa Rica (lo siento, pero tenía que ironizar con este tema, ya sabeis que agradezco vuestro odio). Y que mejor manera de terminar que con la crónica 13, no lo he hecho a propósito y eso que es mi número, alguien que nace en martes y trece no puede andar con supesticiones.
48 días fueron al final, 5 países, hubieran sido 6 si no me llega a acompañar la suerte, esa que ha estado conmigo durante todo el viaje. Un montón de gente y lugares, no quiero pensar las horas de bus y no se que cantidad de kilómetros, al fin y al cabo son solo cifras que no dan mayor trascendencia a esta aventura, cuyo germen ya se gestó cuando estaba en Holanda y me hice amigo de unas personas que venían de lugares lejanos y que hablando con ellos me daba cuenta que desconocía por completo, pero que al mismo tiempo sentía cercanos. Esa idea quedó en mi mente desde el momento en que supe que no iba a tener muchas más posibilades de verles y de que no iba a conocer mejor guía que ellos mismos.
La intención existía, aún con la consciencia de que iba pasar mucho tiempo hasta que pudiera llevarlo a cabo, nunca abandoné la ilusión. Eso y las oportunidades que te da la vida rescataron la idea. Mi folosofia de carpe diem y mis padres hicieron el resto, porque sin su ayuda nunca habría ido a Holanda, Italia, Costa Rica y muchísimo menos hubiera podido realizar este viaje, solo espero que cuando sea grande (como dicen en Argentina) les haya agradecido, al menos, una millonésima parte de lo que han hecho por mí. No obstante, he sentido que he viajado un poco por ellos y por todos vosotros, habeis estado conmigo todo el tiempo, os considero mi Amedio cibernético, porque no os habeis dado de cuenta pero en dos años he pasado de los Apeninos a los Andes, como hizo el famoso Marco y muchos habeis estado acompañándome.
Leer Más…