El día empezó con resaca. Habiéndonos acostado a las 6 de la mañana, nos levantamos pronto para ir a la manifestación. Después de una pinta de zumo de naranja y un buen café, la resaca pareció disiparse – solo para ser substituida por frustración.

Frustración de ser incapaz de convencer a uno de mis más íntimos amigos a unirse a la manifestación. Y eso que lo tenía bien fácil, ya que, al haber dormido en mi casa, simplemente tenía que venir con nosotros. Apatía – “las manifestaciones no son lo mío – no sirven de nada”. Pero nada es precisamente lo que el, y demasiados, hacen.

Ahora estamos en el tren. Frustración y enfado. Mi amigo cogió el metro. Enfado porque últimamente estas cosas me enfadan mucho. Sé que enfadarse no sirve de nada; sé que es incluso malo para mi causa, y lo estoy intentando cambiar. Pero creo que, teniendo en cuenta la gravedad de la situación, tengo el derecho de enfadarme. Hasta cierto punto es incluso bueno, porque es natural y porque es energía – pero corres el peligro de quemarte, abandonarlo todo y convertirte en un cínico.

Ahora estamos en medio de la manifestación. Gritos y alegría. Miles de personas; muchas mas de las que pensábamos que acudirían. Energía. No estoy loco. Gente joven, niños, ancianos, adultos, minusvalidos…no estamos solos.

Paula coge una pancarta – antes de llevarla por lo alto corta la parte donde pone el nombre del partido político. Gritamos consignas. Vamos más rápidos que la masa. Nos unimos a un grupo con megáfono. Seguimos hacia adelante. Un chico del periódico Socialist Worker nos hace una entrevista mientras andamos. Nos encontramos con colegas activistas. Charlamos. Nos encontramos con un grupo de Hare Krishna. Cantan y tocan música con bongos, platillos, guitarra y bajo. Muy revitalizante. Nos dan tarta orgánica gratis – muy sabrosa.

Llegamos a la mítica Trafalgar Square. Hace sol, aunque ahora que estamos parados el frío se nota más. Diferentes oradores dan discursos. Los organizadores, George Galloway, Military Families Against the War, sindicalistas. Un artista Iraní. Brian Eno. Un clérigo Irakí. El ex-embajador británico a Uzbekistán. Sin duda, los mejores discursos no vienen de los políticos sino que de los artistas, y el clérigo.

Los organizadores se unen a la revolución tecnológica, y si mandas un mensaje con STW + Nombre al 80010, añadirán tu nombre a la lista de firmas para exigir una investigación independiente sobre los motivos de la invasión y ocupación.

Acaba la manifestación con una canción de paz. La gente se dispersa…con música tecno. Tenemos mucho frió. Nos metemos en un pub a comer. Volvemos a casa.

Resaca; frustración; enfado; alegría; energía; revitalización; sentido de comunidad. Y para acabar una reflexión.

Los organizadores dicen que acudimos entre 80000 y 100000. La policía dice que 14000. Lo que esta claro es que no somos suficientes. Y eso me hace preguntar ¿A caso a la gente no le importa las locuras que se están cometiendo? ¿A caso no significa nada, en el siglo XXI, que se este cometiendo el crimen internacional supremo? Nadie dice que esta manifestación fuese a acabar con la ocupación; pero la gente tras ella, la gente que lucha todos los días por ese ideal sí. Nos quejamos de que no se nos ocurre que podemos hacer. ¿No deberíamos empezar dando nuestro apoyo a la gete que sí? ¿No deberíamos, por lo menos, mantener la presión en el tercer aniversario de este grotesco crimen?