Argentina. Parte II

Hace ya varios días que se cumplió un mes de mi llegada a tierras sudamericanas y ni lo he celebrado, habrase visto.

Continuo por la región de Salta, pero ahora visitando los lindos Valles Calchaquies. El viaje para mi primer destino, Cachi, son 5 horas, por la ruta nacional 40, que está sin asfaltar y para más INRI, es temporada de lluvias en toda la zona, asi que el trayecto pasó a durar ocho horas y media, contando las veces que tuvimos que parar a esperar que una máquina tapara, momentaneamente, los ríos, porque eran auténticos ríos los que cruzaban la famosa e increible Cuesta del Obispo. Aproveché para hacer amistad con una argentina y una alemana, con las que acabé pasando mi día en este lugar. Era un pueblo encantador, pero el clima no ayudaba mucho. Muy destacable una caminata nocturna, llevada a cabo por dos guías locales, que te pasean por la zona, incluyendo su colorido cementerio y te llevan a tomar un mate cocido y unas tortillas (nada que ver con las españolas, ni con las francesas, que sois muy graciosillos) a una típica casa cachiqueña, donde no hay electricidad. Mientras, te cuentan la historia del valle, leyendas y cantan coplas locales.

Mi idea, junto con la de otras 2 argentinas, era seguir bajando por el valle calchaquí, el cual no tiene muy buena comunicación interior, un poco a la aventura, pero los lugareños y que estuviera lloviendo toda la noche, nos desanimó en nuestra empresa. Así que acabamos yendo a la capital de dicho valle, por el camino más largo, perdiéndonos linditos pueblos.

Una vez en Cafayate, tierra de vino y sol, donde se encuentran unos de los viñedos más altos del mundo, a más de 2000 msnm, encontramos un albergue, como no, lleno de argentinos, que apoyaban al Zaragoza en la casi remontada del Madrid, mientras tomabamos mate y cerveza. Después de cenar, mis porteñas me abandonan, pero yo necesitaba un café, así que me fuí a la plaza, donde se celebra el segundo festival folclórico más importante de Argentina, “la seranata cafayateña”, resultó en dos horas oyendo música típica de la región, samba, cachareras típicas de la vecina provincia de Santiago del Estero y de lo más bailable, aunque esta vez no consiguieron engañar al españolito los borrachos argentinos de mi albergue, que andaban por allí; incluso las típicas coplas que pueden rezar lo siguiente:

“del cielo calló una estrella,
en la tierra rebotó,
como rebotan las mujeres
cuando les digo que no

“del pico de aquel cerro
baja mi rodando mi suegra,
no la agarres, no la detengas,
dejala que se haga mierda

“la mujer del carpintero
se fué con su ayudante,
pués dijo que este,
ya no serrucha como antes

Y como esas muchas más, dichas tanto por niños de 5 años, como por sus padres y abuelos, mientras bailan o cantan en el escenario vestidos de gauchitos, estuvo graciosísimo. No lo fué tanto cuando llegaron a las tantas, valga la redundancia, los borrachos de mi cuarto encend¡endo luces y haciendo ruido, pero son los inconvenientes que tienen las fiestas.

Después de desayunar me voy a visitar la bodega más famosa de la zona y tengo suerte, porque me dejan catar al entrar y al salir, rechazarlo hubiera sido de mala educación, además no son tan buenos. Por la tarde hago un tour, por la mayor atracción turística de la zona, la Quebrada de las Conchas, muy impresionante, aparte que un guia trastornado nos cuenta la historia de los antiguos habitantes de la región, los Quilmes, orgullo argentino porque nunca fueron sometidos por los españoles que directamente tuvieron que aniquilarlos después de una cruenta guerra, ante tal rechazo. Este pueblo también había resistido a la invasión Inca. Al no tener mano de obra indigena, los colonos tuvieron que traer a habitantes de regiones más al norte, por eso actualmente conservan tradiciones andinas, no es el caso del idioma, como mascar coca, rituales indígenas o incluso sus rasgos. Esa noche nos pegamos una cenorra en una de las peñas del pueblo, mientras cantaban grupos locales e inicié la salvajada de este viaje 2 días seguidos durmiendo en buses, con visita a ciudad ambos días, próxima edición.

Solo comentar que los argentinos son increibles, tengo un montón de compromisos ya en Buenos Aires, eso aparte de todos los que me han dado direcciones para hospedarme en los distintos lugares, que rápidamente me preguntan de donde soy y me presentan a quien esté con ellos, además de que son muy graciosos con su orgullo crítico.

Besos y brasos para todos/as desde la ciudad de la independencia argentina,
Memo. HE

Viva Argentina boludos!!