Bolivia. Parte III
Bueno niños, que ya estoy aquí con fuerzas renovadas, para hablaros del país más impresionante que he visto en este viaje, porque Nicaragua sigue siendo el más destacado, de entre los que conozco. El otro día con la pijada, no os informé mucho de las últimas ciudades que visité, asi que retomaremos el tema por ahí.
Santa Cruz de la Sierra quedó en mi crónica como algo anecdótico, pero que aunque la ciudad se vea rápido, no debe restar interés en una posible visita. Desde aquí se puede ir a las famosas misiones jesuiticas de Chiquitos, que se encuentran en plena selva y es donde se hizo una increible labor de evangelización, criticable o no, pero que ha dejado unas construcciones y una cultura, principalmente musical, dignas de conocer, pero que yo no hice por tiempo y dinero, ya que requiere un tour de varios días y eso no entraba en mi desajustada agenda.
Otra zona que se puede visitar es Vallegrande, que os sonará cuando os diga es donde resedia la guerrilla de un famoso revolucionario argentino, que vuelve a salir en estas crónicas, el “Che Guevara”. Ahí es donde fué capturado y ejecutado. Su cuerpo se encontró en 1995, 28 años después, con las manos amputadas, precisamente por motivos de identificación. Ahora existe un museo en su memoria, pero que tampoco visité por motivos de plata y tiempo.
De Sucre se me olvidó destacar que visité la mayor colección de huellas de dinosaurio del mundo, “Cal Orko”, es lo sorprendente que tiene Bolivia, jamás pensé en ver restos arquelógicos de este tipo durante mi viaje. El caso es que a 5 km de la ciudad se encuentra este impresionante hallazgo, que tiene menos medidas de conservación que mi camara de fotos. Se dió con él por casualidad en la cantera de una empresa de cemento y que como ya no les valía la roca pararon de explotar ese cerro, pero siguen trabajando y explosionando alrededor, sin que el gobierno tomé medidas ni la UNESCO se decida a hacerlo patrimonio, latinoamérica.
Siguiendo con la ruta, llegamos a Potosí, la del dicho: “vales más que un Potosí“, aquí se encuentra el denominado Cerro Rico, que abasteció de oro y otros metales a Europa, en la época de la colonia. Esta ciudad llegó a ser la más grande del mundo en los años 60, cuando París tenía 60.000 habitantes aquí había más de 100.000. Las condiciones de explotación de los indígenas en las minas era deplorable, pero el problema es que no difiere tanto de como están ahora los mineros. Los españoles llegaron a encerrar a los indígenas en las galerias, dejando solo un agujero para pasarles comida, que ellos sacaran el oro y por supesto para suministrarles hoja de coca, que fué prohibida en un principio por la Iglesia por pertenecer a ritos paganos, pero que al demostrarse que con ella los indios podían estar dos días trabajando sin comer y dormir, la corona decidió permitir su uso. Eso a grandes rasgos, en la preciosa Casa de la Moneda, que está en el centro de la ciudad, te explican muy bien todo lo acontecido.
Una visita obligada, son las actuales minas, que algunas tienen 400 años y siguen dando minerales, por supuesto el oro ya no se encuentra. Antes de subir en un tour, que hice con una pareja de brasileños muy simpáticos, te paras en el mercado de los mineros, donde ellos y tú, pueden comprar dinamita, coca, alcohol potable de 96º, entre otras cosas, para que se lo des a los trabajadores que te encuentres y asi hablar con ellos. El guía, un joven ex-minero, montó y exploto la carga que compramos, una vez dentro nos encontramos a un picador, que el nombre de su trabajo es un eufemismo, porque si picar tiene que picar, pero con un cincel y un martillo para hacer los huecos en que va a ir la dinamita, con todos los riesgos que ello conlleva. Nos encontramos con un grupo de cinco trabajadores que iban subiendo una vagoneta a mano, tonelada y media de peso, que nos pidieron una ayudita en la cuesta, entre el brasileño, el guía, yo y los dos que iban delante tirando, no fuimos capaces de avanzar ni 100 metros en 10 minutos y ellos tienen que hacer un recorrido de 45 minutos unas 10 veces al día. Para ello se pasan unas 12 horas en la mina sin comer, solo a base de “acuquillar” hoja de coca. Un peón gana 40 bolivianos al día, equivalente 4€, en Europa no es nada, pero es que en Bolivia tampoco da para que una persona viva bien. Les regalamos bolsas de coca y refrescos, quedando muy agradecidos, mientras nos contaban que eso funciona por cooperativas, donde los socios tienen que sacar 10 toneladas diarias de metal, su vida media, dependiendo del trabajo, no supera los 50 años, ya que muchos empiezan a trabajar a los 15. Dentro de la mina, por herencia Quechua, tienen la figura de un Dios, que derivó de los problemas que tenían los españoles para respirar a más de 4000 m de altura, en el interior del cerro, por ello pusieron una figura con rasgos españoles dentro, diciendo a los indígenas que era un Dios que los vigilaba y que les traería los males si no trabajaban. Los indígenas lo tomarón como un Dios bueno, pero al no existir la “d” en su idioma, lo llamarón Tio. Aún actualmente, el primer viernes de mes y el último, se celebra un ritual en el que se le pide al Tio que les ayude a encontrar los minerales y se le da las gracias por ello, respectivamente. Para ello se lleva este alcohol potable de 96º, hoja de coca y unos cigarros sin filtro manofacturados, que se comparten con el idolo, que ha derivado algo parecido al diablo, por interpretación bíblica, con cuernos y cola delantera. Muy pero que muy interesante.
Potosí, es la ciudad más alta el mundo.
Al día siguiente me dirijo a la ciudad de Uyuni, que lo único de particular que tiene es que de ahí salen los tours para conocer el salar más grande del planeta, que ya ofrecían en Potosí con transporte hasta la ciudad y todo, pero que yo sabía que iban a ser más baratos allí, asi que sin reservar billete, cosa que me desaconsejaron, me presente en la “terminal” de autobuses y por supuesto no había plazas, así que utilicé el viejo truco boliviano de decirle al chofer que me deje ir de pié, muy amablamente me cedio el poco espacio que había entre él y la ventanilla, fuí sentado en una caja de plástico, cubierta por una manta, durante 6 horas, sin poder moverme, pero llegué a Uyuni, que era lo que quería.
Al llegar estaban esperando a los brasileños, porque ellos si que habían reservado tour y me uní a su grupo, pagando 20$ menos, que eso en Bolivia es mucho. Este grupo lo completan tres divertidisimos ingleses, que dos de ellos se encuentran dando la vuelta al mundo en año y medio, y el otro dejó su aburrido trabajo de oficina para viajar por Sudamérica. En el tour de 3 días y 2 noches, estaban incluidos albergue y comida, no el agua, si es que son. Los albergues en medio del inhabitado altiplano son para imaginar. Visitamos un salar de 12.000 km2, subidos en la vaca del jeep, es una escena increible, un hotel de sal, un valle lleno de rocas deformadas por la erosión, varias lagunas con muy diversos colores y flamencos, una impresionante zona de Geisers y unos baños termales. Pero también los ingleses sacaron tiempo para organizar campeonatos mundiales de black jack, de hacer la rana con piedras sobre lagunas, de preparación en vestimenta para viajes, de hit hicking o algo así (eso de darle a una bolita llena de arroz, que me he hartado de criticar a los que lo hacen en el albeitar)y de mafia (juego de cartas propuesto por mi, pero que aún así España sigue sin ganar ni un solo título), todo esto acompañado de cervezas y singani (aguardiente local), ha sido de lo más divertido que he hecho en este mes.
Finalmente, después de la biblia que os he escrito, me halló en San Pedro de Atacama, Chile, que os iba a proponer otro juego, en el que adivinarais donde estaba, pero la incomunicación lo ha evitado. Aún así mantengo información oculta, hasta próximas ediciones.
Me despido de Bolivia, país continuamente golpeado por las guerras con sus vecinos, en las que siempre salio perdedor, cediendo territorio en todas sus direcciones; con una fuertísima cultura, palpable en cada momento, gracias a la cercanía de su gente y donde pensaba estar 7 días y me he quedado 11, decididamente es el destino más sorprendente de los que he visto hasta ahora.
Besos y brasos desde un oasis,
Memo. HE
Viva Chile cachai!!