El Perú

“… quiero dar las gracias al pueblo peruano, que no ha parado de colmarme de agasajos desde mi llegada…” suena a exageración, pero si lo dijo el “Che”, será por algo. Los “patas” peruanos se distinguen por ser gente amable, atenta y hospitalaria, valga como ejemplo Lima, donde si alguien te ve por la calle con un mapa, se para y te pregunta que estás buscando, incluso intentan hablar inglés aunque no lo dominen, o te acompañan hasta al lugar sin que les pille de camino, y esto en la capital, que ya se sabe la fama que tienen los habitantes de las mismas.

Mi llegada al Perú (asi lo dicen siempre ellos, con artículo delante), se produjo en Piura, una ciudad del norte, donde arribamos la gringuita y yo, después de 7 horas de viaje desde el sur de Ecuador y sin el más mínimo problema al atravesar la frontera, salvo la anecdota de que mientras nos sellaban los pasaportes, el bus fué hasta otro pueblo a dejar gente y luego volvió. En Piura tuvimos nuestro primer contacto con el menú típico peruano “sopa de pollo y cualquier otro plato que incluya pollo, de segundo”, mientras esperabamos a que saliera el siguiente “carro” (vale para los buses aquí) a Lima. Que junto con el anterior pueden servirme para escribir “Como viajar 22 horas en bus y no morir en el intento” o “¿Qué coño es esta mierda que tiene mi bolso?”, ya que durante este largo viaje, en un bus que por supuesto no era cama, aunque mis rodillas no parecian molestar a la de adelante, se me ocurrió dejar mi bolsito debajo de mi asiento y cuando después de unas horas lo saqué estaba totalmente cubierto de una sustancia marrón clara e inodora, que provenía, no supe identificar bien si de un pañal o de un vómito con pañuelos alrededor, el caso es que menos mal que había hecho uso del sabio consejo de la madre del hijo de Concha (mi madre pa quien no lo sepa) de llevar toallitas húmedas en los viajes, que no se a santo de que tenía unas en mi casa y las cogí, quitando lo mayor pero llevando un grato recuerdo en forma de mancha, durante lo que resta de viaje.

Llegamos a Lima y nos alojamos en el Hotel España, casualidades de la vida, que estaba guay, pero es de lo más extraño que he visto hasta ahora. Recorremos el centro histórico, el mercado central y el barrio chino (si, yo también puse esa cara cuando me enteré), pero como sobraba tiempo nos fuimos a la parte nueva, que da al mar, “Miraflores”, es un lugar turístico ya que allí se encuentran los grandes hoteles de Lima y se está poniendo arena en las playas (eran de piedra), porque siempre se ha criticado de Lima que vivía de espaldas al mar, teniéndolo a 20 km, asi que ahora están intentando cambiar eso. Yendo a este lugar, el que cobra en el “micro” se hace la picha un lio un casi nos cobra el doble, pero la gente rápidamente dijo que NOOO!!, en alto, pasa eso en España y todos nos quedamos pensando “pobres gilipollas”, pués a dos de esas personas les preguntamos donde podiamos ir y son los que se vinieron con nosotros a que conocieramos todo, mientras nos decian el nombre de cada banco, calle y comida típica que veiamos en los restaruantes, estuvo divertido, sobretodo viendo las caras que ponía la gringa. Destrozaos del viaje y la caminata, nos volvemos pal hotel y nos encontramos en el hall, a un tipo de Bilbao con un mono en el hombro, era lo que faltaba a ese lugar surrealista. Nada, el tipo llevaba ya varios años viviendo en el Perú y era familia de los dueños, muy majo, me aconsejó donde ir y me contó alguna aventurilla.

A primera hora había quedao con el padre de mi amiga Delia (a quien también conocí en Holanda), asi que me fuí con él a ver Lima y a toda su familia, mientras la gringuita esperaba a su exnovio que venía de Chile, esto para aclarar que ya había ciertas suspicacias por ahí. Bueno Delis, tus padres encantadores, me llevaron a sitios que nunca hubiera ido estando yo solo, incluyendo su casa y me tuvieron probando todos los platos típicos que aparecían en nuestro camino como: helado de lúcuma, ají de gallina, patitas de maní, ceviche (plato nacional) o anticuchos (pincho moruno de corazón de vaca), yo que venía de seguir la dieta nicaragüense de un desayuno americano y cena de menú del día, si acaso en la tarde el pan con mermelada que había guardao de la mañana o cualquier cosa caliente que vendan en la calle, ya sea en bolsa o caja de plástico y preferiblemente que no haya comido nunca, pués lo pasé regular (que dicen algunos), ya quería comerlo todo pero no daba más. Lo sé, no tengo remedio, hasta que no me tengan que hacer un lavado de estómago no espabilaré, igual ahora en Bolivia, aunque creo que ya tengo los suficientes microorganismos en el estómago como para soportar cualquier cosa.

Estuve con está magnífica familia hasta el día siguiente que me llevaron a conocer su pueblo, al mercao a que probara la tuna (una fruta), que viera como es la lúcuma (otra fruta) o el maíz morado con el que hacen la chicha (bebida típica, que también probé) y la mazamorra, (postre típico, se escribe así, ¿no Delia?). También vi el club de campo del pueblo, volví a comer y me dejaron el bus que iba al Cusco, capital del Imperio Inca.

Después de 20 horas por las carreteras de los Andes, llegué a esta magnífica ciudad, a 3500 metros de altitud, llena de cuestas y escalones, que me costaron (valga la redundancia) un “soroche” (mal de altura en Qheshwa, que por cierto google tiene página en este idioma, pa flipar) mientras buscaba albergue,así que en cuanto encontré uno medio barato allí me quedé. Después pasear por este patrimonio de la humanidad, paro a tomar un mate de coca, que es increiblemente bueno, y me junto con un inglés que es amigo de Jonathan Woodgate (futbolista), ¿no es curioso el tema?. Sigo caminado por la ciudad y me encuentro una plaza llena de gente, haciendo círculo alrededor de otros que dan voces, digo ya está, otra vez que hay jaleo, porque Cusco también es conocida por sus movilizaciones sociales, pero no, eran grupos de teatro callejeros muy graciosos, o eso se supone porque no entendía nada de lo que decían ya que en esta región andina hablan como el niño de Diarios de Motocicleta, diciendo cosas como: “Qui dis que…” o “acasito no más“, pero con una voz muy fina y un acento extraño. Me encuentro a la gringuita que andaba por ahí con sus amigos, pero ya tenían reservao tour pal Machu Picchu y yo iba a ir de manera económica. Después de cenar, me fuí yo solo a escuchar música andina y ni tan solo, que acabaron tocando para mi, porque no había nadie más, asi que les hice pasar el trago yendome para la camita.

Es el día de visitar la mayor atracción turística de Sudamérica, asi que agarro mi mochila y voy a que me desinformen en la oficina de turismo sobre la manera más barata de ir al Machu Picchu, porque estos incas eran más listos que los romanos (que dejaron los agujeros en el acueducto de Segovia para que pasaran las cuadrigas de telepizza, es de Faemino y Cansado, solo la reproduzco), pusieron su ciudadela en un lugar donde solo se puede llegar en tren o andando 8 horas, más la hora y pico de subida, asi que te sangran to lo que pueden y más. Al final me hago con un billete, no el más barato, pero me evito pasar dos noches allí, que es la forma de ahorrar. Me dirijo en bus hasta la última estación de tren que se puede llegar por carretra, que es la forma económica, pero parando en otras ruinas incas, donde conozco a unos catalanes y a una francesa que llevan dos meses viajando por el Perú y consiguen que en un parque nacional les rebajen la entrada, y es que en latino-américa no es que el regateo sea un arte, es religión, ya directamente en muchas tiendas te dicen ofreceme y asi empiezas como en la Vida de Brian, un “toma y daca constante” (que dicen los periodistas deportivos) hasta que llegas a la mitad de lo que dijo al principio, pero ya en un parque nacional, me quedé flipao, yo como gilipollas pagué mi entrada porque incluía otras ruinas que no llegué a ver por quedarme todo el día con esta gente, que me invitó acomer de sus sandwiches y a hoja de coca, que andabamos escalando a unos 3000 metros. Finalmente me voy en bus a coger mi tren y es aqui donde pierdo mi segunda chaqueta en lo que va de viaje, siiii joder, la del Che con lo que me gustaba, el caso es que soy un poco imbecil y la apoyé entre mi mochila y la ventana, mientras hablaba con unos argentinos (por cierto que Cusco es como la Plaza de Mayo de Buenos Aires, madre mía que cantidad de argentinos, especialmente porteños) que me vuelven a decir lo bonito que es el norte de Argentina. El caso es que me doy cuenta de que la ventana está abierta y digo: “hostia, como para haberse caido la mochila”, pues no liiisto, lo que se cayó fué la chaqueta, asi que ahora ando con una “chompa” (chaqueta en peruano) de chandal del tebeo (que dirían los mismos de regular) esperando a encontrar otra chaqueta de mis sueños, quizas en Bolivia me compre una como las de Evo Morales, jeje.

Finalmente llego a mi tren y me siento con un argentino (no podía ser de otra forma) y dos francesitas, hago buenas migas con el porteño (originario de Bueno Aires, que se ma había olvidao decirlo) y acabamos compartiendo cena, charla y cuarto. Donde hablando y hablando me entero que es familia de Ernesto Guevara de la Serna (el “Che” coño!!), no es obsesión con el personaje pero es un cúmulo de casualidades. Asi que a las 5 de la mañana me subí al Machu Picchu con un argentino músico, teólogo de izquierdas y familia de uno de los iconos del siglo 20, increible (Luli, no llegamos a ver amanecer, pero eso día estaba nublao, ahora que cuando hace sol creo que hay unos horizontes…). Después de una hora de pasarlas putas, con tanto escalón y 2500 metros de altitud, llegamos a la obra más impresionante que jamás he visto, no os podeis hacer una idea mediante las fotos, no hay palabras para definirlo, bueno si “acojonante”. Caminamos y nos sentamos a maravillarnos de la ciudadela inca, mientras alternan el sol y la lluvia, fuaaaaaaaa, que grande. En el camino de bajada sigo arreglando el mundo con mi amigo Mariano y quedo de llamarle cuando esté en Buenos Aires. Cojo el tren de vuelta, conozco a otro argentino con quien también quedaré en la gran capital y pillo un bus hacia la segunda ciudad más importante del Perú, Arequipa.

Y aquí estoy hoy, despiéndome de un país cinco veces más grande que Ecuador, eso es casi tres veces España, que me recorrido en ocho días, pasando una gran parte en autobuses, como ayer 10 horas, aunque hay que decir que los “carros” son buenos, que siempre ponen películas y que las carreteras están a años luz de los caminos de cabras de Costa Rica. Por supuesto me queda muchísimo por ver, aunque en esta ocasión he conocido la región de la costa, donde están Lima y Arequipa, que se caracteriza por ser totalmente desértica (¿a que no lo sabiais?) y la región andina, quedándome la zona amazónica que equivale a tres quintas partes del país. Pero es buen cierre, una ciudad colonial llamada “la ciudad blanca”, también patrimonio de la humanidad, donde ha vuelto a actuar mi imán de pillaos y ya se ma han juntado dos con tatuajes hasta en las orejas, hablándome de todo un poco y ofreciendome porros y lo que quiera, con la pinta de buenazo que tengo…no lo entiendo. El caso es que es un buen reflejo del Perú, edificios coloniales, cultura indígena, zonas modernas y los famosos taxis peruanos “los ticos” (nada que ver con Costa Rica), es un modelo de Daewo, creo, por el cual puedes leer titulares de prensa como: “dos hombre sacan cadaver de tico y arrojan en calle”.

Siguiendo con la chapa, que no pensé que iba a dar pa tanto, os diré que mañana parto para Bolivia, el Tibet de las Américas, que no tiene salida al mar y ya se ha encargao Evo Morales de recordárselo a Chile, que se la quitó en una guerra. El caso es que es fronterizo con cinco paises y mi idea era bajar por Chile, pero teniendo en cuenta que no han parao de decirme los bonito que es el norte Argentina (¿verdad Jose?), de que a mi amiga Ruth, que está en Chile, le dije que iba a llegar en una fecha que no voy a cumplir y que quiere ir a Brasil a ver a una amiga suya, voy a hacer esto interactivo (si es que alguien continua leyendo todavía) y vamos a jugar “Mueve a Memo por Sudamérica” para ello teneis que mandar un mensaje con vuestro nombre, no molan los anonimos, a los comentarios de este post, con la palabra Memo y el pais al que quieres que vaya, se aceptan comentarios posteriores. Con el resultado, haré lo que me de la gana porque os conozco y seguro que alguien me dice: “yo quiero que Memo baje por Paraguay, haciendo autostop pero solo a camiones rojos, conducidos por tipos gordos, calvos y con bigote” y es que no hay conexión por carretera con Paraguay, está el desierto y además no es precisamente el estereotipo de los paraguayos. Y también, que igual a mi amiga se le ocurre algún plan, ya sea el inicial u otro y eso puede prevalecer (¿verdad Ruti?).

Espero vuestras ocurrencias y no haberos aburrido mucho,
besos y brasos desde la tierra del Imperio Inca,
Memo. HE

Arriba el Perú mis patas!!