Ecuador
Pues si gente, ya salí del Ecuador y me encuentro en el Perú. Me ha llevado una semana, ver por encima, el país más pequeño de los Andes, poco más de la mitad de España, y eso que solo he conocido una de las cuatro regiones en que se divide, pero ya os daré mis impresiones más adelante, ahora voy a relatar como han sido estos días, que por supuesto no van a poder igualar al primero.
Después de mi toma de contacto con Suramérica, me dispongo a salir de Quito con mi amigo Santiago, a eso de las 6:30 de la mañana. Como el es un breeder (modificador genético de plantas), hacemos una primera parada en una explotación de rosas donde trabaja una amigo suyo (información: Ecuador es el 2º productor de rosas a nivel mundial, después de Colombia), muy pero que muy interesante, aprendí un montón y me salí de los circuitos turísticos que no está nada mal. Después de esto, me bota en Otavalo, famoso pueblo indígena de la sierra Andina, no sin haberme dado sabios consejos de “backpacker” (mochilero en español, pero no quiero ni una puta gracia), como que si me interesa una camiseta pero no tengo espacio en la mochila, pues tiro una, oye ni 20 mins le dí a su consejo, pero con una chaqueta que me dejé en su carro (por cierto Santiago, te la regalo), con el frio que hacía y las ganas que tenía yo de algo indígena, y así fué, pasé por le mercado y vi “la chaqueta”, con la efigie del Che en la espalda y el nombre por delante, si señor era lo que necesitaba para motivarme aún más en este viaje. Iba transcurriendo mi día entre gente con vestidos típicos y hablando “kichwa“, sin más penas ni glorias, hasta que me de dió por ir a una peña musical andina, allí estaba yo con mi birra, en mi mesa, viendo tocar a unos tipos con coleta, cuando se me sienta una pareja un poco rara en la mesa… hablan español, son colombianos (famosos por su rumba, fiesta) y son actores de teatro, pués para que queríamos más, con esas premisas, la botella de whisky, que les pilló el indio camarero picando la “guacaya” (una bebida de allí) y mi fantástica frase de: “no, es que los del norte de España somos mu frios y no bailamos”, pués el Memo estuvo hasta las 2 de la mañana bailando música andina con una colombiana, que no estaba ni bien ni mal, pero que como soy más parao que un chotis, nunca sabré si tenía más intenciones.
No había resaca al día siguiente, pero si turismo, el mercado de animales, 6:00 am, que grande, pavos con cerdos atados, esto…. hombres con cerdos atados subastándolos, niños con un rebaño de ovejas, llamas por allí comiendo chaquetas del Che, vacas, cebús… de todo había campando a sus anchas, saltando de los camiones, metíendolos en los autobuses en sacos y los indios gritando 135, 4.30, increible. Me doy una vuelta por el mercao de artesania, que al ser sábado ocupaba todo el puto pueblo y me quedo con ganas hasta de comprarme a una de las familias que atienden, que maravilla todo. De aquí me voy a mi siguiente destino, Baños de Agua Santa. Esta ciudad es famosa en Ecuador por sus termas, sus melcochas (dulces típicos que se elaboran sobre un hierro en la pared, dándole de vueltas y estirándolos), su ambiente y por todas las actividades que puedes realizar: cannioning, rafting, puenting o suputamadring, solo hay que tener plata. Como el día anterior había ido bien, vuelvo a buscar una peña, por suerte esta vez, no rompo, destrozo la media de edad del garito, digo uy! que bien, hoy me acuesto pronto, una mieeeeeeeeeeeerrrrrrrdaaaa…. aquello estaba de puta madre, aparte de no sacarme a bailar, los espontáneos dedicaban canciones y salió un tipo a recitar poesias indígenas que se te ponían los pelos de punta pa dos días, que gozada.
Después de despertarme varias veces por voves de borrachos, gritos histéricos de gringas (porque eso no eran gemidos) y el personal del albergue, me dispongo a subir los Andes en bici, ole mis cojones, encima a mi manera, porque a mi no vale con el circuitillo ese de las cataratas que hace todo el mundo verdad?, pues si, si que me valía, lo que pasa que uno anda un poco gilipollas y no sabe interpretar las señales ecuatorianas. El caso es que yo iba con mi bici por la carretera (niiiiiiiinoninoninoniiiiiiiiii) y veo un camino a la derecha, un dibujo de un señor con una bici para ese lao y un señor con mochila para el lao de la carretera, efectivamente cojo el de la derecha, como cualquier hijo de vecino, el caso es que cada vez se pone eso más cuestarriba, no veo a nadie más en bici, la mayor parte la tengo que llevar en la mano y solo me adelantan 4x4 y quads, diciéndome que si me llevan, hooombre no jodas!!! yo estaré en baja forma, pero soy cazurro (oriundo de León) y esto se supone que lo hace cualquiera, asi que yo acabo. Por fín llego a un mirador, y sin aliento pregunto, en algo parecido a un bar: “¿Queda mucho para las cascadas?”, uy si eso no es por aquí te has equivocado de camino…….no tenía fuerza ni para enfadarme, habían pasado dos horas, estaba muerto y no habia empezao la ruta, pero…. soy de León, la vista era increible y por ahora era bajada, asi que me hice mi maravillosa ruta de las cascadas, almorcé en una bar de carretera donde te dan las salchipapas en bolsas de plástico, mientras veía una reyerta indígena con cañas y machetes y sudé todo lo sudable. Ne mi defensa debo decir, que la señal estaba como he contado, solo que había una pequeña flechita debajo de cada dibujo que indicaba hacía el otro lado, le podia haber pasado a cualquiera.
Mi siguiente destino fué Cuenca, famosa ciudad colonial patrimonio de la humanidad. El viaje hasta aquí duró 7 horas, en el asiento de atras del bus, que cada ve que pillaba un bache, yo salía despedido un metro hacía arriba. Encuentro un albergue chulo, comparto habitación con un francés y un israelita, y me quedo tomando cervezas, con este último, una gringa y otra gabacha.
Al día siguiente visito la ciudad con mis dos nuevas amigas y la gringa, que por cierto es igual que Christina Applegate, se une en mi ruta hacia Perú, asi que ese mismo día nos cogemos un bus hasta la ciudad, casi fronteriza, de Machala. 6 horas de viaje, porque como no… había una huelga cortando la carretera y al esquivarla por el monte, se jodió el autobus, al menos una hora. Esta ciudad no es muy turística, así que los albergues dan bastante miedo, al final encontramos uno que bueno, que el tipo con toda su buena intención del mundo nos ofreció una cama matrimonial, pero… no tuvo mucho éxito la idea, asi que camas separadas. Cenamos en la calle, en uno de los puestos que habian quedao entre los restos del mercao de ese día y nos compramos unas birras para beberlas en la plaza principal de la ciudad, pues por supuesto que no se podía, a quién se le ocurre??. Así que nos volvemos para la habitación y menos mal, porque resulta que era compartida, pero no con turistas, sino con unas cucarachas ecuatorianas del tamaño de mi cabeza, además que volaban las hijas de puta, pués entre trago y trago, chancletazo al canto, hasta que se retiraron de nuestros aposentos.
Y así transcurrieron mis días en el país del Ecuador, país con forma de calavera sonriente en el que te puedes encontrar indios hablando Quichua (lengua andina, diferente del Quechua…. exáctamente en la “i”, como ocurre en la mayoría de sus palabras) en Banco Central de Quito, donde llamar a España te sale casi más barato que si estás allí por la gran cantidad de emigrantes que tiene, donde se puede subir alguien al autobus y gritar “a ver esos chochos” o “chochos encuerados”, o donde cuando no contesta nadie dicen “cricri, cricri” que yo pensé que eso era solo de fpong. Pero como os decía, ha sido el país más pequeño que visitaré (exceptuando si voy a Uruguay) y solo he estado en la región Andina, faltándome la de la Costa, la del Oriente o Amazonas y las Islas Galapagos, donde 5 días de turismo te pueden costar 800 $. Así que no me queda nada.
Besos y brasos desde la tierra del Imperio Inca,
Memo. HE
Arriba el Perú mis patas!!